Hemos incorporado a la sección de Archivos sonoros del portal SIPCA el trabajo “Recopilación de tradición oral en el Parque Cultural de San Juan de la Peña. Fase 2”, realizado en 2007-2008 por las investigadoras Sandra Araguás y Nereida Torrijos...
La Escuela de Artes y Oficios de Teruel fue construida entre 1963 y 1967, obra del arquitecto José María García de Paredes. Es uno de los escasos ejemplos destacados de arquitectura contemporánea en la trama consolidada del centro histórico de Teruel. Se sitúa en un solar en esquina con fachadas a la plaza de la Catedral y la calle Amantes, en un entorno monumental creado por la proximidad de la Catedral, la Casa del Deán y la Casa Consistorial.
El edificio se integra de manera ejemplar en su entorno sin perder la expresión propia de un centro de enseñanza proyectado en pleno siglo XX. El volumen del inmueble queda definido por las dimensiones de la parcela de forma casi rectangular, por el edificio colindante y por el amplio programa de necesidades. Se desarrolla en cinco plantas más bajo cubierta, siendo una de ellas semisótano.
Exteriormente las dos fachadas de la Escuela se conciben en continuidad. El cerramiento se realiza con ladrillo visto de color tostado oscuro combinado con el verde de carpinterías y bajantes. En la composición los huecos horizontales se disponen entre amplias fajas horizontales de ladrillo, predominando el macizo sobre el hueco. El orden horizontal se altera intencionadamente por los huecos verticales del acceso, por el hueco singular en esquina de la planta primera y por las líneas verticales de las bajantes vistas. En la coronación, el alero es continuo en todo el perímetro y vuela sobre la fachada, creando una zona de sombra en la parte superior del edificio.
Además, la Escuela de Artes y Oficios de Teruel es el punto de arranque de otras obras de García de Paredes en las que el recurso del aparejo y la forma del hueco se convierten en argumento compositivo. En general, podemos decir que el edificio conserva gran parte de su autenticidad e integridad al no haber sufrido reformas importantes que hayan alterado su imagen.
En numerosos pueblos altoaragoneses podemos encontrar casas tradicionales dotadas de elementos defensivos, entre los que destacan los grandes torreones que protegían los puntos más débiles de las casas. La mayor parte fueron construidas en la segunda mitad del siglo XVI, caracterizada por una prosperidad económica que se conjugó con un aumento del bandolerismo y los conflictos sociales. En estas circunstancias tanto los nobles como todo ciudadano acomodado que pudiera permitírselo se preocuparon por defender sus hogares, dejándonos más de un centenar de casas torreadas que han sido declaradas Bien de Interés Cultural.
Jesús Vázquez ObradorSabiñánigo, Comarca del Alto Gállego, 2002